Como cada 15 de septiembre desde el año 1810, los mexicanos celebramos el grito de independencia que fue dado por el cura Miguel Hidalgo y Costilla, con el cual se inicio la batalla por la independencia de nuestro país, lo que nos daría el poder de gobernarnos nosotros mismos, elegir a nuestros representantes y formar la tan deseada República sin la tutela de la Corona Española. Lo curioso es que festejamos ese día, que gracias a nuestro ex presidente y dictador Don Porfirio Díaz, que cambio la fecha, precisamente porque era el día de su nacimiento y para que se celebrara como una fiesta nacional. Gracias a su egoísmo homenajeamos la Independencia de nuestro país el día antes mencionado, cuando en realidad la consumación se da el día 27 de septiembre de 1821, Once años y 12 días después de la fecha de inicio – en la cual rendimos tributo-.

Al hablar de independencia lo primero que nos viene a la mente, a parte de los iniciadores como lo fue Miguel Hidalgo, José María Morelos y Pavón, La Corregidora y todos aquellos personajes que participaron en ella, son las miles de batallas que se dieron para que se consumara, cabe importante señalar, que estos personajes supieron influir en los indígenas para tener su apoyo; pero… cuál era el verdadero motor de este movimiento; como todos sabemos, los iniciadores eran en su mayoría criollos – es decir, hijos de españoles nacidos en México-, los cuales no tenían los mismos derechos que los españoles, aunque irónicamente, eran hijos directos de los mismos. Inconformes por la falta de derechos, organizaron a los indígenas, para quitarse el yugo de la Corona Española y poder tener privilegios; es bien sabido que quien gana la guerra hace la historia y este caso no es la excepción, es por eso que se nos enseña una historia en las escuelas, que a últimas fechas ya es más limitada; solo espero que a los regidores de la educación no se les olvide que un país que no conoce su historia, es un país que no tiene futuro.

Regresando al tema inicial de este articulo, en aquellos tiempos los indígenas lograron la independencia, por medio de su sacrificio, sangre y vidas, todo eso para tener un país libre y soberano, un lugar donde pudieran vivir mejor sus familias y descendientes, y orgullosamente lo puedo decir… ¡lo consiguieron!. Pero en este famoso grito de independencia, se honra a los iniciadores, y no a todos los indígenas que dieron su vida en esas batallas. Me queda claro que se consiguió lo que se quería, pero ahora nos jactamos de una independencia que no tenemos, una independencia carente de identidad que se ha convertido en una mera costumbre fantochista, que solo hace alardear a los presidentes –espurios o no espurios que hemos tenido y tenemos en el país- de que ellos “tienen el poder”, una independencia que solo es de título y palabras, porque si vemos la situación actual, ya no la tenemos y que además esta permeada de la mercadotecnia y el consumismo, mas que de convicción. El ejemplo claro de esto, es que estamos subordinados a lo que decidan los grandes bloques económicos globales, al Banco Mundial, al FMI y hasta tristemente me atrevería a decir que a ciertos gobiernos extranjeros; sin contar que se venden miles de productos de fabricación extranjera y en su menor cantidad, los productos nacionales típicos de esta fecha. Pero tenemos que agradecer a los medios de comunicación televisivos que nos han vendido la falsa idea de una autonomía, sí, claro que la tenemos, pero es una autonomía falta de decisiones propias y de carácter.

Al parecer nuestra independencia solo vive de sus glorias del pasado y se ha convertido en una costumbre de cada año que nos hace enorgullecernos de ser mexicanos y hasta cierto punto nos une, pero en una utopía excitante que nos enchina la piel y acelera el corazón. Citando una famosa frase que es muy utilizada en las fechas del 10 de mayo que dice: “…hay que festejar a la madre todo el año y no solo un día…”, deberíamos hacer una analogía con la independencia y luchar por ella, festejarla y mantenerla todos los dias del año, y por supuesto reafirmarla.

Yo al igual que muchos también gritaré, a lo mejor por costumbre o a lo mejor por convicción este 15 de septiembre, pero por una independencia vigente en palabras y festejos, aunque carente en constatación y una gran falta de conciencia en la ciudadanía para poder cuestionarla.